domingo, 16 de octubre de 2016

" ¡ Quèdate, Señor conmigo ! ! "

                             
 

                                
Quédate, Señor, conmigo,
 porque te necesito ver presente para no olvidarte,
 pues ya sabes con cuenta frecuencia te abandono.

Quédate, Señor, conmigo,
 porque soy muy débil y necesito de tus alientos
 y de tu fortaleza para no caer tantas veces.

Quédate, Señor, conmigo,
 porque Tú eres mi vida y sin Ti
 con frecuencia decaigo en el fervor.

Quédate, Señor, conmigo,
 porque Tú eres mi luz y
 sin Ti estoy en tinieblas.

Quédate, Señor, conmigo,
 para que oiga tu voz y la siga.

Quédate, Señor, conmigo,
 para demostrarme todas tus voluntades.

Quédate, Señor, conmigo,
 porque deseo amarte mucho 
y vivir siempre en tu compañía.

Quédate, Señor, conmigo,
 porque todo mi ser te está consagrado
 y Tú me perteneces.

Quédate, Señor, conmigo,
 y haz de mi corazón una celda de amor
 de la cual nunca te alejes.

Quédate, Señor, conmigo,
 si quieres que se te fiel.

Quédate, Señor, conmigo,
 porque aunque mi alma es muy pobre,
 deseo que sea para Ti un lugar de consuelo,
 un huerto cerrado, un nido de amor.

Quédate, Señor, conmigo,
 y haz que tu amor me inflame tanto
 que me consuman sus amorosas llamas.

Quédate, Señor, conmigo,
 porque se hace tarde y declinan las sombras,
 es decir, se pasa la vida, se acerca la cuenta,
 la eternidad, y es preciso que redoble mis días,
 mis esfuerzos, que no me detenga en el camino
 y por eso te necesito. Se hace tarde y se viene
 la noche, me amenazan las tinieblas, las
 obscuridades, las tentaciones, las sequedades,
 penas, cruces, etc., y Tú me eres preciso,
 Jesús mío, para alentarme en esta noche de destierro,

 ¡Cuánta necesidad tengo de Ti!

Quédate, Señor, conmigo,
 porque en esta noche de la vida y de los peligros,
 deseo ver tu claridad, muéstrateme y haz que te
 conozca como tus discípulos en el partir del pan,
 es decir, que la unión Eucarística sea la luz que 
 aclare mis tinieblas, la fuerza que me sostenga y
 la única dicha que embriague mi corazón.

Quédate, Señor, conmigo,
 porque cuando llegue la muerte,
 quiero estar junto a Ti y si no realmente por medio
 de la Sagrada Comunión al menos quiero tener
 mi alma unida a Ti por la gracia y por un abrasado amor.

Quédate, Señor, conmigo,
 no te pido sentir tu adorable presencia y tus regalos
 divinos que no los merezco, pero tu residencia en mi
 por la gracia ¡oh, sí que te la pido!

Quédate, Señor, conmigo,
 pues a Ti sólo te busco, tu amor, tu intimidad,
 tu Corazón, tu espíritu y tu gracia.
 Te busco por Ti mismo porque te amo;
 y no te pido más recompensa que amarte con solidez,
 prácticamente, amarte únicamente,
 amarte cuento puedo,
 amarte con todo mi corazón en la tierra
 para seguir amándote con perfección por toda la eternidad.

A M E N  *

Fuente: http://www.devocionario.com/




         


















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