jueves, 15 de diciembre de 2016

" Adoración Eucarística de San Juan Pablo II "



Señor Jesús:

Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas
 y que nos amas tal como somos.

"Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros 
hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios"
 (Jn. 6,69).

Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el
 sacrificio de la última cena y continúa como comunión
 y donación de todo lo que eres.
Aumenta nuestra FE.


Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro SÍ unido al tuyo.
Contigo ya podemos decir: Padre nuestro.

Siguiéndote a ti, "camino, verdad y vida", queremos penetrar en el aparente "silencio" y "ausencia" de Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz del
 Padre que nos dice: "Este es mi Hijo amado, en quien
 tengo mi complacencia: Escuchadlo" (Mt. 17,5).

Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida familiar y social.

Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro 
mediador, hermano y amigo.

Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives "siempre intercediendo por nosotros"
 (Heb. 7,25).
Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de
 Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.

Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y el 
fin de todo.
Apoyados en esta ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la que Dios
 y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.

Queremos AMAR COMO TÚ, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres.
Quisiéramos decir como San Pablo: "Mi vida es Cristo"
 (Flp. 1,21).
Nuestra vida no tiene sentido sin ti.

Queremos aprender a "estar con quien sabemos nos ama", porque "con tan buen amigo presente todo se puede sufrir". En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre, porque en la oración "el amor es el que habla" (Sta. Teresa).

Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.

CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS con
 una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: "Quedaos aquí y velad conmigo" (Mt. 26,38).

Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar admirando el misterio, amándolo tal como es,
 y callando con un silencio de amigo y con una presencia
 de donación.

El Espíritu Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a decir esos "gemidos inenarrables"
 (Rom. 8,26) que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con
 sola tu presencia, tu amor y tu palabra.

En nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente,
 y nos amas, y nos hablas, ya nos basta, aunque muchas veces no sentiremos la consolación.

Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos
 en tu intimidad o "misterio". 

Entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia
 el "misterio" de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos en nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este silencio activo y fecundo
 que nace de la contemplación.

Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y de SERVIR.
 
Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos
 enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella,
 recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica,
 se hizo la más perfecta Madre.

Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera, que sabe meditar adorando y amando tu Palabra, para transformarla en
 vida y comunicarla a todos los hermanos.

Amén.!

Fuente: https://www.aciprensa.com/

                             

















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