miércoles, 31 de mayo de 2017

" La fuerza de María "




Pongan sus vidas muy cerquita de María.
 Ella nunca nos puede fallar. 
 Recuerden las bodas de Caná; Dios tuvo
 que adelantar la hora de Cristo para enseñarnos
 cuál es la fuerza de María.
El plan de Dios para la humanidad incluye muchos mediadores, a lo largo del tiempo, para realizar sus designios de amor y de salvación. El vértice de toda mediación entre Dios y los hombres es Jesucristo,
 el centro de la historia y de los corazones. Los demás mediadores serán mejores y más eficaces cuanto más
 se acerquen y asemejen a El. Entre todos los
 mediadores de la historia, María santísima es del 
todo singular, precisamente por ser la criatura más
 cercana y semejante a Jesucristo.
Muy cerquita de María. Para los cristianos María no 
es el agua, pero sí el caño que nos da el Agua de la
 vida; María no es el pan, pero sí el horno donde la
 harina se dora y se convierte en Pan nutricio de
 vida. María no es el ´Cordero de Dios´; Ella es la
 dulce Pastora que lo cuida, defiende y alimenta.
 María no es la Luz del mundo, sólo la lámpara que
 sostiene en sus brazos el cirio luminoso de su Hijo.
 Para estar muy cerca de Jesús hemos de estar muy
 cerca de María.
 Ella sabe muy bien cuál es su misión:
  acercar los hombres a Cristo.
 Muy cerquita de María tenemos garantizada la
 cercanía de Jesús.
Medianera ante Dios. Medianera ante el Padre,
 junto a su Hijo Jesucristo, a impulsos del Espíritu
 Santo para tender al hombre necesitado un puente
 de salvación. Medianera de la misericordia y del 
perdón de Dios, del arrepentimiento y de la
 conversión del hombre. Medianera noble y amorosa
 de reconcilación y de reencuentro entre el ofensor
 y el ofendido, entre el padre amoroso y el hijo
 pródigo.
 ¡Cómo goza María ejerciendo con sus hijos su poder
 de mediación! Gocemos también nosotros sintiendo 
su fuerza mediadora y sabiendo que nunca nos fallará,
 que no quedaremos defraudados jamás por ella.
La fuerza de María. La fuerza que María nos da es 
constante y duradera, consistente y tenaz, como el
 amor de una madre. Una fuerza que no le es propia,
 sino que le viene del Espíritu que la posee, pero que sostiene al hombre en la lucha diaria y lo lanza a la
 batalla con ardor renovado. Ella refuerza la acción poderosa de Dios en el corazón de los hombres y
 ayuda a vencer toda debilidad espiritual.
 Esa fuerza de María no proviene de su voluntad
 acerada, de su intrepidez en la acción o de su
 avezada experiencia de la dureza de la vida; 
brota natural y espontánea, como un manantial,
 de la fuerza de la cruz de su Hijo Jesucristo,
 cruz por Ella compartida el viernes de la pasión.
 Podemos decir en verdad: 
“La fuerza de María no es sino la fuerza de Dios”.


Autor: P. Antonio Izquierdo y Florián Rodero
 Fuente: Catholic.net


  








Mi bendita hermana por siempre
Aracely ! 



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